
desmembramiento - prosa primera
Febrero 15, 2008
La verdad es que no rompí el libro en un ataque de rabia, como me gustaría admitir, sino que fue algo premeditado. Después de leer la noticia de que publicaba una segunda novela, esta vez en una editorial más conocida, con un premio literario a nivel nacional de por medio, lo busqué en mis estanterías. Al principio no lo encontraba, pero recordé pronto que lo había relegado a la estantería de abajo, al lado del suelo, entre una antigua edición de La Colmena, que jamás había conseguido leer, y un libro sobre brujería que había comprado en algún garage sale en Estados Unidos. En cuanto tuve en mis manos el libro, me paré un segundo a observar las tapas (blandas), la fotografía del autor y la fotografía de la portada. Releí el título que tan poco interesante me había parecido y sin mucha más dilación, arranqué la portada y poco a poco, con premeditación y mucha parsimonia, disfruté el sonido de cada pagina al ser arrancada y despegada del lomo. No reía enloquecidamente ni lloraba de manera desconsolada, sino que simple y llanamente rompí el libro poco a poco, recreándome en cada página arrancada.
Supongo que esa premeditación a la hora de romper su primera novela, página a página, como quien asesina a una persona arrancándole la piel poco a poco, o cortándole partes del cuerpo (primero el meñique de la mano izquierda, después el pie derecho, y así, hasta poder matarlo), supongo, decía que denotaba el hecho de que me dolía, independientemente de lo que fuera que dolía, pues esto era irrelevante. Sólo importa que dolía, no el qué dolía. El imaginarme su foto junto a un anuncio tamaño gigante de la portada de su novela me dolió tanto como cuando lo vi junto a A., paseando, juntos, demasiado juntos.
Yo, el librero al que habían dejado.
El, el escritor que me había ganado.